El pasado sábado 6 de junio, el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México se convirtió en un templo sonoro donde convergieron la nostalgia californiana y la energía de un público mexicano que ha seguido fielmente a The Growlers desde sus primeras visitas al país. La banda liderada por Brooks Nielsen ofreció un concierto que reafirmó su estatus como uno de los proyectos más singulares de la escena alternativa internacional, con un repertorio que recorrió más de una década de trayectoria y que dejó al público en un estado de euforia colectiva.

La expectativa era alta: después de varios años de ausencia en la capital, el regreso de The Growlers representaba un reencuentro con una banda que ha sabido construir un puente entre el surf rock clásico y una estética contemporánea marcada por el garage y el pop alternativo.
El recinto, con su hermosa arquitectura, pinturas y esculturas, ofreció el marco perfecto para un espectáculo que se distinguió por su atmósfera íntima y a la vez expansiva. Las luces cálidas y los visuales proyectados en el escenario reforzaron la sensación de estar inmersos en una especie de sueño sonoro.
La banda tocó éxitos como “Dope on a Rope”, “One Million Lovers” y “City Club” Estos himnos fueron recibidas con ovaciones que sacudieron el teatro, mientras Nielsen desplegaba su característico estilo vocal: rasposo, melódico y cargado de una melancolía festiva.
Uno de los momentos más icónicos llegó con “Monotonía”, donde la conexión entre la banda y el público alcanzó un clímax gracias a su pegajoso coro en español. La interpretación se convirtió en un himno compartido, con cientos de voces acompañando cada verso. La sección rítmica, marcada por bajos profundos y baterías espectaculares, sostuvo el viaje sonoro que oscilaba entre el surf y el groove bailable.
Más allá de la música, el concierto fue testimonio de la relación especial que The Growlers mantiene con México. Brooks Nielsen agradeció en varias ocasiones la energía de los asistentes, reconociendo que la Ciudad de México siempre ha sido un lugar donde la banda se siente en casa. Esa complicidad se reflejó en la manera en que los fans respondieron a cada gesto, creando una atmósfera de comunión que trascendió el espectáculo.
Al salir del Metropólitan, los fans llevaban consigo más que un concierto: fue una experiencia que reafirmó la vigencia de una banda que, lejos de encasillarse, continúa explorando nuevos territorios sonoros sin perder su esencia.
El concierto de The Growlers en el Teatro Metropólitan fue una muestra de cómo la música puede convertirse en un espacio de encuentro cultural y emocional. Con un setlist que equilibró clásicos y nuevas propuestas, la banda ofreció una velada que quedará grabada en la memoria de quienes asistieron. La Ciudad de México, una vez más, se consolidó como uno de los escenarios predilectos para artistas que buscan una audiencia apasionada y entregada.

La banda no solo demostró que siguen siendo uno de los más grandes referentes en el surf psicodélico en el país, sino también que, después de más de 10 años, la banda seguía siendo tan querida y amada como lo era en anteriores ocasiones al pisar la tan emblemática capital.






